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La Captura del Carbono

La Captura del Carbono 

CAPTURA: Se hallan en marcha varias instalaciones experimentales para la captura de carbono –por ejemplo en Argelia y Noruega– que separan CO2 del gas natural y lo almacenan bajo tierra. Otras más se están instalando, de África a América del Sur, y de Australia a Europa. El carbono puede capturarse a dos etapas diferentes. La primera es la de pre-combustión. El carbón, por ejemplo, puede convertirse en gas: para ello se utiliza aire y vapor para separar el hidrógeno, el monóxido de carbono y luego el CO2, que puede almacenarse. El segundo método, más desarrollado, consiste en capturar el CO2 en la etapa de post-combustión –después de que se ha producido por la quema de los combustibles– separándolo de los otros gases residuales y reteniéndolo. Este método está diseñado especialmente para centrales eléctricas y otras plantas industriales usuarias de energía. Es posible aumentar su eficiencia mediante tecnologías nuevas como la quema de combustibles fósiles en oxígeno puro, lo cual conduce a la emisión de CO2 y agua que luego pueden ser separados: pero esto es costoso y requiere gran cantidad de energía, lo cual lo convierte en una opción aún relativamente limitada.

 ALMACENAMIENTO MINERAL: Otra idea consiste en aprovechar la carbonización mineral, un proceso  natural en el cual el CO2 se combina con óxidos metálicos. A través de millones de años esto produce productos estables como el carbonato cálcico y el carbonato de magnesio. Los científicos están investigando maneras en que las temperaturas y las presiones altas podrían acelerar el proceso. La estabilidad y la permanencia de la reacción hacen muy poco probable que el CO2 sería capaz de volver a entrar en la atmósfera, y los nuevos carbonatos pueden utilizarse como materiales de construcción y en medicinas, y  hasta en pasta dentífrica. Pero estas investigaciones aún están en pañales.

ALMACENAMIENTO SUBTERRANEO: Una vez capturado el CO2 es necesario almacenarlo de tal modo que no pueda entrar a la atmósfera. El método más promocionado de hacer esto es guardándolo en los depósitos geológicos subterráneos creados por la extracción de los combustibles fósiles en primer lugar, como en minas de carbón abandonadas o campos de petróleo o gas antiguos, en tierra o costa afuera. Esto puede conllevar beneficios adicionales. Bombeando CO2 a los pozos puede hacer posible extraer más petróleo de ellos. Y bombeándolo a vetas de carbón puede liberar gas de metano atrapado para uso como combustible. La principal preocupación es que cualquier cantidad de CO2 que pudiese escapar de los depósitos y entrar al aire contribuiría al calentamiento de la Tierra.

ALMACENAMIENTO EN EL OCEANO: También sería posible almacenar CO2 en el océano desde barcos o a través de conductos, para ser absorbido por las aguas o ingerido por el fitoplancton. Podría enviarse directamente al lecho marino, a más de 3 kilómetros de profundidad, donde la alta presión convierte el gas en un líquido mucho más denso que el agua de mar, impidiendo que suba a la superficie. Pero existen serias razones de preocupación. Los océanos ya están volviéndose ácidos debido a su absorción del dióxido de carbono que está contaminando la atmósfera, y esto amenaza mucho de la vida en ellos. Bombear más cantidades del gas podría empeorar esto.

Desafortunadamente, aún estaremos quemando grandes cantidades de combustibles fósiles –petróleo, gas y carbón– por mucho tiempo en el futuro. El uso de alternativas –sobre todo combustibles renovables como el sol, el viento y la biomasa– está aumentando, pero simplemente no puede aumentar lo suficiente como para asumir la carga de proveer la energía que el mundo necesitará en un futuro próximo. Además, los países que poseen reservas de combustibles fósiles querrán explotarlos.

Esto significa que continuarán produciéndose enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2) la principal causa del calentamiento de la Tierra– durante decenios mientras se siguen  quemando combustibles fósiles. Si el CO2 entra a la atmósfera acelerará el cambio climático, y ese aceleramiento bien podría dejarlo fuera de control, creando un planeta mucho menos acogedor para sus habitantes.

Quienes están luchando con este enigma están cifrando sus esperanzas cada vez más en la captura y el almacenamiento del carbono, nuevas tecnologías diseñadas para apresar el gas antes de que es liberado a la atmósfera. Si bien su desarrollo está muy a la zaga de la expansión en el uso de los combustibles fósiles y con frecuencia compite para la obtención de fondos con tecnologías energéticas costosas, es necesario que se les dé prioridad mucho más alta si ha de realizarse plenamente su potencia.

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